Jesús Cautivo
Nuestro divino redentor jesús cautivo
La imagen de Nuestro Divino Redentor Jesús Cautivo en el abandono de sus discípulos es obra del prestigioso imaginero cordobés D. Francisco Romero Zafra. Su hechura data del año 2012.
Fue bendecido el 24 de noviembre de 2012 por el Rvdo. D. Francisco Carrasco Cuadros en la sede canónica de la Hermandad, en la Parroquia de Santa Isabel de Jaén, sede canónica de la Hermandad.
El misterio que representa es el abandono de los discípulos de Jesús en el momento de su prendimiento, tal y como recogen los Evangelios:
“Jesús tomó la palabra y les dijo:
«¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos como a un bandido? A diario os estaba en señando en el templo, y no me detuvisteis. Pero, que se cumplan las Escrituras.»
Y todos lo abandonaron y huyeron.”
Marcos 14, 48-50
Jesús aparece maniatado con la mano derecha superpuesta a la izquierda, un gesto que simboliza la victoria de la divina misericordia sobre la fragilidad humana. Esta disposición iconográfica representa cómo el amor de Cristo cubre y oculta los pecados del mundo, anteponiendo el perdón a la culpa en perfecta coherencia con su sacrificio redentor.»
Esta imagen responde plenamente al naturalismo característico de D. Francisco Romero Zafra, definido por un elevado grado de realismo y una notable sensibilidad.
El Cristo presenta una marcada belleza, de rasgos dulces y masculinos dentro de una inspiración romántica.
Esta dulzura se ve acentuada por la presencia de una lágrima que cruza su mejilla derecha y por el uso de pestañas, elemento poco habitual en las imágenes de Cristo, incluso entre las obras del imaginero cordobés.
La imagen presenta un carácter singular dentro de la iconografía del Cristo Cautivo, al adoptar un contrapposto complejo y dinámico.
Este recurso compositivo se manifiesta en el cruce intencionado de distintos ejes corporales: los pies se disponen con una leve orientación lateral, la cadera se desplaza en sentido contrario y la cabeza culmina el movimiento con un giro nuevamente opuesto.
Este juego de líneas cruzadas rompe la frontalidad tradicional y dota a la imagen de un movimiento envolvente y singular, inédito dentro de la representación clásica del Cristo Cautivo.
